Kaia
Estaba rígida, y todavía mi corazón latía rápido y muy fuerte, pero solté un suspiro largo al entender que no estaba en peligro, sino que mi mente había creado todo esto.
—¿Q-quién eres? —pregunté, y odié que mi voz sonara tan afectada por el miedo.
Yo era un caso perdido.
—Mi nombre es Ronaldo, mucho gusto... —arrastró la última palabra como si esperara mi respuesta.
—Soy Kaia, el gusto es mío.
Su mirada marrón se clavó en mí, y sentí un extraño estremecimiento. No lo entendía, pero era c