Kaia
Mis rizos eran levantados por los movimientos de mi corrida y mi pecho se sacudía debido a la risa que no podía evitar, al ser perseguida por Ray y Alex, mis pequeños sobrinos de siete años, hijos de Bastira.
Sus ojitos verdes brillaban de la emoción mientras intentaban alcanzarme, pero ese brillo se tornó en frustración cuando Nivi flotó alrededor de ellos y los hizo tropezar.
No pude evitar carcajearme. Perdí las fuerzas y también caí. Entonces Ray y Alex se me tiraron encima y empezaron