Nevan
Observé lo gris que estaba el cielo, solté un suspiro y caminé por la llanura enlodada con pasos cautelosos. La brisa fría era una caricia sutil que venía acompañada de gotitas de agua tímidas.
Amaba los días lluviosos, su melancolía y tranquilidad, pero más ese clima fresco que los caracterizaba.
Noté algo inusual en el lodo del suelo, así que decidí agacharme. Pasé mis dedos por el fango, hurgando su textura. Era pegajosa, más oscura que el resto y se adhería a mi piel, espesa y húmeda.