Zebela
Zael, Natalia y yo pasamos el resto de la tarde arreglando y limpiando la casa, con la promesa de que al día siguiente iríamos de compras para terminar la decoración.
Acepté porque sabía que necesitaría esa distracción; la partida de Bastian me tendría muy triste.
Lo iba a extrañar tanto que ya dolía. De repente, sentí un deseo inmenso de verlo. Él me había prometido que se colaría en mi habitación esta noche, y esperaba que cumpliera su palabra.
Después de darme un merecido baño, me puse