Zebela
La emoción era palpable en el rostro de Zael cuando entramos en la casa. Natalia también parecía encantada, aunque no pude evitar notar un atisbo de envidia en su tono y gestos.
—¡Esto es oficial! —vociferó Zael de forma repentina, captando nuestra atención—. ¡El alfa está enamorado!
Mi cuerpo se sacudió mientras tosía, y mis ojos se llenaron de lágrimas por el ataque de tos.
—¡Oye! —le di una palmada en el hombro—. Deja de decir tonterías. ¿Y por qué gritas? ¿Acaso quieres que toda la m