Zebela
Caminé junto a Zael hasta el comedor, arrastrando una ansiedad que se había instalado en cada rincón de mi cuerpo. La anticipación de volver a verlo me tenía temblando, con las manos húmedas de sudor y la mente invadida por imágenes caóticas de las que luchaba por liberarme.
Desde el momento en que cruzamos el umbral, todas las miradas se volvieron hacia nosotros. Los comensales detuvieron sus conversaciones, sus ojos fijos en cada uno de nuestros movimientos. La incomodidad se intensifi