Zebela
A medida que mis pasos se alejaban del patio, mi ira sin sentido fue menguando hasta que solo quedó un sentimiento de culpa por haber tratado mal a la única persona, aparte del alfa Bastian, que me había tratado con amabilidad en esta manada.
Zael, pese a que era un bocón imprudente, no merecía que le hablara de esa forma.
Exhalé un suspiro triste mientras me convencía de que debía disculparme con él.
—Este lugar es tan hermoso y lleno de vida —musité encantada con tanta belleza. De repe