Zebela
Después de la emotiva charla que el alfa y yo compartimos, comenzamos a entrenar. O, más bien, a enfrentarnos en un combate cuerpo a cuerpo en el que él evaluaba mis habilidades con puños y patadas.
Hasta ese momento me sentía victoriosa, ya que lograba esquivar sus ataques sin demasiado esfuerzo.
—Bien, tienes conocimiento básico, ahora vamos a profundizar un poco, ¿de acuerdo? —me informó, y retomó su posición de lucha.
Asentí en señal de entendimiento, aunque estaba confundida. ¿A qué