Zebela
El alba apenas comenzaba a despuntar cuando decidí entrar a la ducha. El agua caliente se deslizaba por mi piel, relajándome al punto de provocarme un sueño irresistible. Era irónico, considerando que estaba a punto de entrenar con el alfa, una tarea que requería de todos mis sentidos alerta, no de este letargo que me dominaba en aquel momento.
¿Por qué no se me ocurrió tomar una ducha cuando no lograba conciliar el sueño? Ah, cierto, las pesadillas. No sabía qué era peor: el insomnio qu