Bastian
Sentado frente a mi escritorio, tamborileaba mis dedos contra la mesa, absorto en mis más profundas meditaciones.
—Reporte —dije con la misma mirada perdida en un punto fijo.
De inmediato, un mensajero se me acercó con varias carpetas en manos y un nerviosismo ridículo que hizo sonreír a uno de mis líderes.
—Recibí información del puerto y de los guerreros que abordaron horas después de usted —informó con voz trémula—. Según nos informaron, ellos no tuvieron ningún contratiempo y llegar