Zebela
Caminé con parsimonia por todo el pasillo y mis pasos eran vacilantes mientras descendía las largas escaleras. Una leve náusea me recorrió el estómago y mi pulso se aceleró al conjunto de mi respiración.
Los nervios me consumían de una manera que me hacía sentir enferma y alterada.
Con la garganta seca y las manos temblorosas, me dirigí al comedor, donde el alfa Bastian ya se encontraba en el lugar de anfitrión, solo, erguido y con ese porte autoritario de gran señor.
Sentí que me mareab