Zebela
Una pequeña molestia me instaba a abrir los ojos, pero me sentía demasiado cansada para despertar. Además, había una angustia dentro de mí, un temor que me advertía que era mejor seguir dormida.
Las imágenes de la noche anterior aparecían en mi mente de forma desordenada, a veces borrosas, pero lo suficientemente claras como para no querer enfrentar la realidad.
Temía tanto abrir los ojos y verlo junto a mí. Eso me aterraba.
—Despierte ya.
¿Esa era la voz de Lidia? Se escuchaba lejana...