Zebela
Nuestro andar sobre el pavimento pretendía ser natural, como si no ocultáramos la traición al alfa. Debíamos actuar con normalidad, fingir sonrisas y risas, hablar sobre los productos que compraríamos y lo ajetreado que sería el día al regresar a la mansión.
Por supuesto, nunca regresaríamos, y esa realidad me llenaba de alegría. Con cada paso hacia la salida, aumentaba mi esperanza de ser libre.
Sin embargo, esa alegría se apagó de repente, convirtiéndose en un gélido y amargo temor cua