POV Ariana
Gabriel se levantó de la cama con la misma frialdad que una mañana de invierno. Me miró como si ya no me conociera, como si en su pecho solo quedara decepción.
—¿Así que eres solo una mentirosa? —su voz, aunque serena, dolía como una bofetada—. Una infiel…
Cada palabra era una piedra. No podía hablar, no podía siquiera llorar. Pero no hubo tiempo para reaccionar. De nuevo, la puerta.
Los golpes retumbaron como un presagio.
Gabriel se adelantó. Abrió, y fue como si el destino terminara