POV Ariana
—¡Suelta esa maldita arma, perra loca! —bramó su voz podrida de arrogancia, como si aún tuviera derecho a hablarme así.
Pero mis manos no temblaban. Estaban firmes. Congeladas.
Yo apuntaba directo a su pecho con los ojos inundados en lágrimas, pero no de miedo.
No.
Eran lágrimas de furia contenida. De silencio.
De noches sin dormir preguntándome si todo fue mi culpa.
—¡Vete al infierno! —escupí con todo el odio que acumulé desde aquella maldita noche—. Me abusaste. ¡Estaba ebria, inco