Abro los ojos lentamente. La luz del atardecer entra por la ventana como un susurro dorado. El aire es fresco, casi dulce, y se cuela entre las cortinas como si no quisiera molestar. Por un momento, hay paz. Una calma frágil que acaricia mi piel y me hace olvidar que el mundo sigue girando.
Respiro hondo. Mi cuerpo se siente pesado, pero tranquilo… hasta que lo recuerdo todo.
Los fragmentos de lo vivido me golpean con violencia: la vergüenza, la rabia, el abandono, la traición. Mis músculos se t