Marfil soñaba.
Caminaba descalza por una playa desconocida, envuelta en una niebla densa que parecía susurrar secretos antiguos. El cielo, aunque amplio, carecía de sol. No era de día ni de noche, solo una eternidad suspendida. A cada paso, la arena parecía absorber sus huellas, como si el mundo no quisiera recordar que ella había estado allí.
Y entonces lo vio.
Sergio.
Caminando hacia ella desde la bruma como un fantasma del pasado. No corría, no gritaba. Solo se acercaba, con la serenidad de q