Meses después.
El murmullo de la iglesia se volvió un eco lejano para Marfil mientras contemplaba a su pequeño en brazos.
Octavio Darson, su hijo, su milagro. El agua bendita cayó sobre la cabecita del niño y, como si fuera el inicio de una sinfonía desgarradora, él rompió en llanto.
Lloró con fuerza, como si sintiera en su piel el peso simbólico de una nueva vida.
Marfil lo apretó contra su pecho, acunándolo, y su cercanía bastó para que el bebé se calmara, como si el latido de su madre fuera