Al día siguiente, Ariana despertó con un dolor punzante en la cabeza, como si el mundo entero se hubiera desmoronado sobre ella mientras dormía.
Sus ojos se abrieron lentamente, y por un momento, no supo dónde estaba.
El techo blanco y los suaves rayos de sol que se filtraban por las cortinas blancas le parecían familiares, pero al mismo tiempo, completamente extraños.
El aroma que llenaba el aire la hizo detenerse. Era el perfume a lirios, el mismo que había sido su favorito durante años, hasta