Meses después
La sala estaba en silencio, apenas interrumpida por el zumbido suave del monitor de ultrasonido.
Marfil yacía recostada, su mano entrelazada con la de Imanol.
El médico movía el transductor con cuidado sobre su vientre redondeado. La imagen en la pantalla parpadeó… y allí estaba: su pequeño milagro.
Su hijo. Su bebé de veinte semanas.
—Aquí está —dijo el médico, señalando la forma definida—. Es un varón.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Marfil.
Pero esta vez no eran lágrimas de