—¡Qué hermoso! ¿Ya eligieron los nombres? —exclamó Freya, emocionada, con las manos unidas sobre el pecho.
Imanol y Marfil se miraron, compartiendo una sonrisa silenciosa, esa que solo se da entre dos personas que ya lo han hablado todo con los ojos.
—Bueno —dijo Imanol—, hemos pensado en llamarlo Octavio.
Freya se quedó quieta por un momento, conteniendo el aliento. Sus ojos se humedecieron sin que ella pudiera evitarlo.
—Ese… era el nombre de mi padre.
Su voz tembló de emoción.
Caminó hasta Ma