Otra noche de sexo desenfrenado sin sentir nada más que la satisfacción de eliminar ese líquido blanquecino que producía el orgasmo. Doy asco ¿no? pero eso a nadie le importa, menos a mí. Me saco el condón y lo anudo, para guardarlo en el bolsillo de mi chaqueta. Iugh, sí, iugh, pero era justo y necesario, ya sabía por mi hermano que más de alguna loca había corrido donde mi padre a decirle que era el futuro abuelo se su engendro.
¡Ja!, era un maldito adicto al sexo, pero no tonto queridas, no