Veo todo rojo cuando ese maldito golpea a París y me lanzo contra él sin importar nada.
—¡Maldito, te voy a matar!
Comenzamos una pelea cuerpo a cuerpo y los gritos de todos a nuestro alrededor eran como un pitido en mis oídos.
—¡Ella es mía! ¡Mi mujer!
—Estas loco de remate, París no le pertenece a nadie.
Su mirada era de burla, por lo que no me cansaba de golpearlo, hasta que me dio un certero golpe con su rodilla en las costillas, comenzamos a forcejear y de la nada estábamos rodando a las f