¡ME CAGO EN DIOS!
Fue lo primero que se me vino a la mente, cuando vi a mi familia y mis amigos reunidos en el salón del castillo, pero lo que me sacó del estupor primigenio fue esa frase de doña víbora de cascabel
Pero yo no me quiero casar…
Piri yi ni mi quiri cisir ¿qué se estaba creyendo esa mujer? ¿qué otra cosa tenía que hacer para que me diera el sí? ¿es que no le había aguantado ya muchas cositas?
Estaba con ganas de agarrar a esa lengua viperina por el cuello y, literal, dejarla sin un