Despreciable víbora rastrera.
Llegar a Nueva York había sido todo un reto, estaba dejando todo atrás y aún no me sentía a gusto.
Sobre todo dejar a la pequeña Maca y a sus papás, ella me hacía recordar a mi hermana y lo mucho que la extrañaba, pero era momento de avanzar y seguir con mi destino.
Al salir de inmigración y retirar mis maletas, veo una silueta conocida, una que sin querer, me había topado en los momentos más extraños de mi vida, pero negué con mi cabeza y enfilé mis pasos a la salida.
-¡Rocío!-la voz de mi gra