La bruja
Betzabet, o cómo algunos en el pueblo la llamaban la eterna amante del Rey, vivía retirada del resto y sólo se le veía cuando salía de compra al pequeño mercado del pueblo vampiro. Cada vez que salía llamaba la atención de todos, quizás era su ropa vestida de negro de pies a cabeza, con una mirada que causaba miedo, nunca se le había visto riendo.
Nadie la había visto junto al Rey, pero sacaban conclusiones porque el Rey la visitaba casi a diario y podía pasar horas y horas dentro