Elena se quedó petrificada. La palabra "embarazada" pronunciada por Carmen pareció detener el tiempo. Las náuseas que la atormentaban pasaron a un segundo plano, eclipsadas por un latido ensordecedor en su pecho, esta vez provocado por una emoción indescriptible.
—¿Embarazada? —susurró Elena, repitiendo la palabra como si fuera un hechizo. Bajó la mano lentamente hasta tocar su vientre, que aún sentía tenso—. ¿Quieres decir que... este malestar es por eso?
Carmen asintió con un brillo cálido