A la mañana siguiente, Diego condujo su SUV negro hacia la zona de los viejos muelles en las afueras de Madrid. No lo acompañaba Martín ni escolta alguna. Las advertencias de Julián seguían dándole vueltas en la cabeza, pero su curiosidad por Daniel era mucho mayor. Quería zanjar todo esto y advertirle que se mantuviera alejado de Elena, sin importar cuáles fueran sus planes de negocios.
Al llegar, Diego aparcó el coche entre viejos contenedores oxidados. El olor acre del salitre y el gasóleo