La atmósfera en la habitación se volvió densa en cuanto llegó Julián. Sin mediar palabra, sacó su equipo médico y le pidió a Diego que le diera espacio. Diego se retiró a un rincón, con el rostro desencajado y la mirada fija en Elena, quien yacía débil, con la piel tan pálida como el papel.
Tras casi una hora de revisión intensiva y de administrarle inyecciones de refuerzo, Julián finalmente guardó sus instrumentos. Soltó un largo suspiro y se giró hacia Diego, quien parecía estar al borde de