El hombre se limitó a mirar a Elena. Su mirada permanecía plana, como si ella no fuera más que un objeto inanimado que, por casualidad, bloqueaba su camino. Sus labios se movieron apenas lo suficiente para soltar una sola palabra, rotunda y cortante.—No.Elena se quedó petrificada. Parpadeó una, dos veces, intentando procesar aquel rechazo tan absoluto. —¿Qué?La mandíbula de Elena se tensó. Una sensación de asfixia trepó por su garganta, acortándole la respiración.—Espere un momento —replicó ella de inmediato, ahora con un tono más exigente—. Caballero, le he ofrecido diez veces su valor. Eso supera con creces el precio de esta muñeca. Es más que suficiente para...—No —repitió él con la misma frialdad. Esta vez, ni siquiera la miró. Su atención ya estaba en la salida, indicando que, para él, la conversación había terminado.Elena se movió con agilidad, bloqueando de nuevo el paso del hombre.—Al menos deme una razón —dijo con la voz vibrando ligeramente por la ira que empe
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