Capítulo 68

​Diego observaba a su padre, que yacía debilitado en la cama del hospital. Podía sentir el temblor en el agarre de Arturo, pero la mirada del anciano seguía ardiendo con una ambición que se negaba a morir.

​—Tráela aquí, Diego... —repitió Arturo con una voz cada vez más ronca.

​Diego respiró hondo y, lentamente, apartó la mano de Arturo de su brazo. Se puso de pie, marcando una distancia clara entre ambos.

​—No, papá —respondió Diego con firmeza. Su voz era tranquila, pero tajante—. Elena neces
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