Cerró la puerta con suavidad.
Cuando Alma quedó sola, el silencio la envolvió por completo.
Se sentó en la cama. Se quitó los zapatos. Se tocó el vientre.
—Estamos a salvo… —susurró, como si no terminara de creérselo—. Al menos por ahora.
Por primera vez en mucho tiempo, se recostó sin sentir que alguien la observaba.
Y mientras el sueño empezaba a vencerla, no supo que, del otro lado de la pared, Damián permanecía despierto, sent
Alma permanecía recostada de lado, con las manos rodeando su vie