La primavera llegó sin pedir permiso.
El pueblo parecía otro desde que los árboles florecieron y las mañanas dejaron de oler a miedo. Alma lo notó una tarde cualquiera, mientras caminaba despacio y comprendió que por primera vez en años no estaba mirando hacia atrás.
No había pasos siguiéndola.
No había sombras acechando.
No había gritos que la despertaran de madrugada.
Solo había aire.
Y futuro.
Damián caminaba a su lado, atento pero sin invadir, como siempre había sido con ella. No la sostení