El parque de diversiones se extendía ante ellos como un mundo completamente distinto. Las luces de colores, los gritos emocionados de los niños y adolescentes, la música que salía desde distintos rincones, y el dulce aroma a algodón de azúcar y palomitas de maíz creaban una atmósfera imposible de ignorar.
Emma sujetó la mano de Leonard con fuerza.
—Hoy… solo por hoy, quiero que no pensemos en nada más, ¿sí?
Él la miró con ternura, aunque sus ojos seguían recorriendo el lugar con cierta mezcla d