Secretos Revelados
La mañana del sábado amaneció fría y lluviosa en Madrid. Valeria llegó al ático a las nueve en punto, como siempre, con una sonrisa que no podía disimular. La noche anterior había sido intensa: Fernando había caminado quince metros sin apoyo, tambaleante pero firme, y después se habían perdido en la piscina otra vez. Él la había sentado en el borde, le había separado las piernas y la había lamido despacio, torturándola hasta que suplicó. Cuando se corrió en su boca, él la miró con ojos oscuros y