La declaración de amor había cambiado todo y nada al mismo tiempo. Durante el día, en las sesiones oficiales, Valeria y Fernando mantenían una profesionalidad impecable: órdenes claras, correcciones precisas, progresos anotados con frialdad clínica. Pero cuando caía la noche y el servicio se retiraba a sus dependencias, la sala de rehabilitación se convertía en su refugio secreto.
Empezaron con excusas inocentes: “una sesión extra para fortalecer glúteos”, “repasar transferencia nocturna por si