Gerónimo, aun con dudas, se comenzó a mover por el despacho como aun tratando de conversarse de lo que tenía que hacer.
—¿Y qué clase de entrenamiento esperas exactamente? ¿Solo defensa personal y armas? ¿O quieres que la convierta en una versión femenina de ti? —dijo con una mueca irónica, medio en serio, medio en broma.
Lo miré con seriedad.
—No quiero que se convierta en mí. Quiero que sobreviva.
Esa frase lo golpeó más de lo que esperaba. Asintió despacio, y su rostro se endureció.
—Entendi