Me desperté de golpe, con la sensación de haber dormido profundamente por primera vez en semanas. Mis párpados tardaron unos segundos en abrirse, todavía pesados por el cansancio acumulado, por la adrenalina del día anterior, y por… todo lo que había pasado con Gabriele.
El calor de las sábanas seguía envolviéndome, pero el espacio a mi lado estaba frío.
Él no estaba.
Me incorporé de golpe, con el corazón agitado, buscando con la mirada en la habitación vacía. Por un instante me asaltó el mied