Jamás pensé que un simple vestido pudiera hacerme temblar tanto las rodillas.
Me miré por última vez en el espejo del pasillo, sintiendo cómo el encaje azul se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel. Era elegante, sofisticado… casi demasiado para mí. Había sido una elección impulsiva durante la visita a la tienda, justo antes de que todo se desmoronara. Pero ahora, ahí estaba, caminando por los pasillos silenciosos de la mansión De Luca, del brazo de Teresa, porque sentía que me iba a caer y c