El primer sentido que recuperé fue el olfato. Un aroma tenue y dulce… ¿Jazmín? No, algo más denso, más artificial. Luego vino la presión en la cabeza, como si me hubieran envuelto el cráneo en una cinta apretada. Intenté moverme y sentí el cuerpo entumecido, pesado, como si no me perteneciera.
Parpadeé una y dos veces. La luz era suave, dorada, filtrándose por una cortina gruesa que parecía abrazar las ventanas. Alcé la cabeza con dificultad, sintiendo el vértigo golpearme con fuerza, pero logr