Lo estaba pasando bien, el lugar era más que maravilloso, pero no podía evitar sentir esa presión en el pecho que la carcomía por dentro. Todas las mujeres allí eran demasiado bellas, y le molestaba saber que su jefe había estado con casi todas ellas. Esa idea la consumía, la hacía apretar los dientes, aunque intentara disimularlo.
La incomodidad de Vida era tan evidente que se sentía en el aire, recorriendo el amplio páramo como una corriente eléctrica. Las criaturas mágicas presentes se pregu