La mansión se alzó ante la humana como un castillo de ensueño. Era imponente, majestuosa, rodeada de un páramo que parecía sacado de una película. Vida observaba todo con la boca entreabierta, incapaz de hallar palabras para describir la magnitud de aquel lugar. El camino ya había sido mágico, pero llegar allí la congeló de emoción. El alma se le agitaba entre incredulidad y fascinación.
—Como siempre, las habitaciones están asignadas. Tendrás que quedarte conmigo —dijo el alfa con una sonrisa