—¿Qué tal el prototipo? —preguntó Kaelion con ese tono grave que parecía vibrar en las paredes, como si cada sílaba pudiera arrancarle la respiración.
La luz de la tarde entraba por los ventanales de la oficina, pintando su figura con tonos dorados que lo hacían parecer aún más irreal. Vida alzó la mirada desde su escritorio, sintiendo esa presión invisible que siempre ejercía sobre ella. No sabía qué pensar de él. Había días en los que su sola presencia le encendía la piel con un calor insopor