El sol apenas asomaba cuando Vida, Milah y Lucian caminaron hacia la orilla del río San Juan. El murmullo del agua era grave, profundo, como un latido antiguo que recorría la selva. A esa hora, los pájaros despertaban con chillidos agudos, y el aire húmedo se impregnaba de olor a tierra mojada y hojas podridas.
Un hombre mayor los esperaba junto a una lancha de madera. Su piel curtida por el sol hablaba de toda una vida en aquel río. Se quitó el sombrero al verlas acercarse.
—¿Son ustedes las q