La mansión se alzaba como un palacio de emperadores. Sus muros imponentes, las columnas de mármol y los jardines milimétricamente cuidados parecían susurrar historias de poder antiguo. Milah lo contemplaba con los ojos muy abiertos, como si caminara en medio de un sueño. Si la residencia de Kaelion le había parecido majestuosa, esta sobrepasaba cualquier comparación. Todo en aquel lugar irradiaba grandeza y peligro.
Vida, en cambio, caminaba con la seguridad de quien regresa a un sitio demasiad