La tormenta entera pareció quebrarse con ese rugido. El alfa cayó de rodillas sobre el barro, su cuerpo colosal temblando, sus garras hundidas en la tierra húmeda. Miró a su alrededor: todos los desterrados yacían muertos, aniquilados por su furia y por el poder de sus aliados. Había ganado la batalla, pero la victoria no significaba nada.
Su elegida había muerto. La omega, la única amiga que había sostenido a Vida, también. Todo lo que importaba se había perdido en un instante.
Kaelion aulló o