Todas, al llamar a sus familias, se soltaron en llanto. Milah tuvo que tragar grueso porque también sentía dolor al verlas, y no quería interferir, pero, como la omega que era, las abrazó con calma y recuperó la paciencia que había perdido.
Las familias, preocupadas, preguntaban si pasaba algo malo. Todas respondieron que estaban bien, aunque aún no habían comenzado a trabajar. Sin embargo, les prometieron que pronto lo harían. Al escuchar que sus seres queridos les contaban que la situación es