Así como Vida había destruido y vuelto a construir su mundo, Kaelion también lo había hecho.
Pasaron años enteros en los que no pensó en su elegida. Días, meses, estaciones completas en las que su mente estaba vacía de ella. Pero cuando el recuerdo regresaba —como una ráfaga de viento frío que cruza una habitación cerrada—, la sentía viva. No como un fantasma, sino como una presencia real, una vibración en el aire que le erizaba la piel.
Sin embargo, el tiempo tiene una forma cruel de borrar