Esa noche la estaba abrazando fuerte; ella dormía entre sus brazos. No lo habían hablado, simplemente había surgido la costumbre de dormir juntos, abrazados, dándose calor.
De pronto, un escalofrío le recorrió la espalda. La habitación se volvió más fría, como si la sombra de algo antiguo se hubiera colado entre las paredes. El demonio se levantó con cuidado de no despertar a Vida. Sus ojos se volvieron rojos y se puso alerta.
No vio a nadie, pero lo sintió: una presencia oscura, peligrosa, mov