El amanecer fue gris, cargado de nubes bajas que parecían aplastar al pueblo con su peso. Ariadna no había dormido. El recuerdo de la sombra en el río, la cadena de Elian brillando como fuego, y aquella frase que aún retumbaba en sus oídos —“resistiremos juntos”— la mantenían despierta y temblorosa.
Ya no podía ignorarlo. Elian le había dado algunas respuestas, pero también más preguntas. Si de verdad había un pacto que ligaba a su familia con las sombras, tenía que confirmarlo en otro lugar, c